CONSEJOS PARA SER UNA BUENA MAESTRA

Si estás iniciando tu ministerio como maestra de niños, es necesario que entiendas que esto es un trabajo de todos los días. No basta con esforzarse mucho sonriendo, viéndose linda, y tratando cariñosamente a los niños el día domingo. Estas cosas, aunque tienen su lugar, no te convertirán en una buena maestra. Sólo un trabajo duro, profundo y constante con Dios pueden convertir a una joven común y corriente, en una gran maestra. 


Aquí presento algunos consejos prácticos, que si los aplicas en tu vida con perseverancia, harán una gran diferencia en tu carácter y causarán un enorme impacto en la vida de aquellos niños a los que sirves en tu ministerio. 


1. Lee tu Biblia todos los días




Cuán importante es esto, y cuán poco valor le damos. La Biblia dice “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” 2 Timoteo 2:15


¿Cómo podemos usar bien la palabra de Dios si no nos relacionamos con ella? Si no conocemos la Biblia, no podremos usarla bien. Es así de sencillo.  


Leer la Biblia todos los días te permitirá tener una base espiritual sólida. Te permitirá estar apta para enseñar a otros, no como alguien que aprendió un par de palabras útiles para decirlas un domingo, sino como alguien que está enteramente preparada para toda buena obra.

 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” 2 Timoteo 3:16,17


Un niño, aunque sea pequeño, es capaz de darse cuenta cuando tú no sabes de la Biblia. Usualmente ellos escogen hacer preguntas respecto a lo que les estás enseñando, y créeme, un niño es lo suficientemente inteligente como para saber si tú realmente conoces de lo que le estás hablando.


¿Cuál es el secreto entonces? Lee tu Biblia todos los días, todos los libros, sin saltarte ninguno. He sabido de personas que deciden leer la Biblia parcialmente. Al parecer piensan que hay algunos libros de la Biblia más útiles que otros. Lo que puedo decir al respecto es que, si Dios dejó 66 libros, muy probablemente es porque quiere que leamos los 66 libros. Si haces esto, muy pronto tendrás un panorama general de las Escrituras, lo que te permitirá estar lista ante alguna duda de tus niños, o alguna situación que se presente. 


No estoy diciendo que debes saberlo todo, no me malinterpretes, me ha pasado también que un niño me pregunta algo que no sé cómo responder. Lo que digo es que debes estar lista. Puedo asegurarte que una relación constante con las Escrituras te ayudará entre otras cosas, a estar “enteramente preparada” para toda buena obra, esto incluye tener la humildad de decirle a un niño “no sé la respuesta a tu pregunta, pero puedo averiguarlo”.


Si lees tu Biblia todos los días, estarás alimentándote y nutriéndote espiritualmente, fortaleciendo tu relación personal con Dios y convirtiéndote poco a poco en una persona más madura. Este tipo de personas son las que se necesitan para guiar a otros. 

“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.” Hebreos 5:12 


Y por si queda alguna duda ¡lee tu Biblia todos los días! 



2.¡También debes orar!


La oración es una de esas cosas que me parecen un increíble misterio. Hablar con Dios a veces puede parecer no tan fantástico. Debo confesar que en muchas ocasiones  se ha vuelto algo monótono en mi propia vida. Qué cosa más terrible es darse cuenta que aquello poderoso que Dios nos dejó como herramienta, muchas veces lo vemos como algo sin valor. 


Si algo puedo asegurarte es que, cuando oras espiritualmente, lo puedes notar. Dios responde a nuestras oraciones (Jeremías 29:12; 33:3) 


La oración es poder, es el medio que Dios nos dejó para echar nuestras cargas sobre él (Salmos 55:22) “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;”


Cómo seres humanos, comunes y corrientes, es muy probable que todos los días tomemos ligeras cargas, que si no nos deshacemos de ellas rápidamente, pueden convertirse en un gran problema en nuestras vidas. Por eso el consejo es, ora todos los días, deshazte de tus cargas, hay alguien que puede llevarlas mejor que tú. 


Una vez alguien me dijo “si no oras por cada niño de tu clase específicamente por nombre, no estás haciendo nada”. Fue ahí cuando me di cuenta que pocas veces dedicaba un momento para esos niños en mis oraciones. Si estamos a cargo de enseñarles a estos pequeños cada domingo, y esperamos influir en sus vidas, ¡cómo no vamos a pedirle a Dios que nos ayude! 


Así que, no lo olvides: ora a Dios todos los días, y ora por cada uno de tus niños por nombre. 



3.No olvides prepararte mucho



Algo con lo que batallé mucho mis primeros años como maestra, fue el nerviosismo que me producía enseñar. Y aunque me repetía una y otra vez que eran solo un grupo de niños nada más, los nervios aparecían cada domingo que llegaba a mi clase. Mi pastor solía decir “prepárate como si todo dependiera de ti, y predica (enseña) como si todo dependiera de Dios” ¡Y eso hice! Recuerdo que memorizaba cada palabra que iba a decir, los saludos, los ejemplos y hasta un par de chistes. Ahora que lo pienso, quizás eso es un poco exagerado, pero me dio buenos resultados, porque a pesar de los nervios que sentía, sabía exactamente lo que iba a decir, y si algo se me olvidaba, de alguna manera Dios me ayudaba a salir del paso. Con el tiempo he ido actualizando mis métodos, ya no necesito memorizar cada palabra, pero sé que la preparación es fundamental.

¿Cómo prepararse mucho?

Bueno, esto puede ser diferente para cada persona, pero algunos factores comunes son: meditación, planificación y organización.


Medita mucho en lo que quieres compartir con tus niños. Si haces esto, Dios te guiará a un buen mensaje sustentado en su Palabra, por ejemplo, mostrándote algún pasaje en tu devocional diario, y confirmándolo con el pasar de los días. Ora a Dios cada día por tu enseñanza, pídele que sea él quien te guíe. 


Planifica con tiempo. No hagas las cosas una noche antes, creeme, lo he hecho y no es buena idea. Si planificas con anticipación tendrás un mejor resultado, siempre irás un paso adelante. Parecerá que disfrutas realmente tu ministerio, y lo mejor de todo, no estarás estresada. 


Organiza tus ideas y proyectos para tu clase. Crea planes de acción y un método que puedas seguir para prepararte. 



4.Invierte tu vida


Si pensara en algo que me impactó de mis maestras de escuela dominical cuando era niña, diría que es el interés que percibía de ellas hacia mí y mis compañeros. Ellas invertían su tiempo en conocernos, en preguntarnos cosas, y en recordar lo que les decíamos. Ahora como adulta, pienso en lo que más me impacta de ellas, y definitivamente es que siguen fieles a Dios. Han invertido su vida al servicio de Dios, y ahora después de tantos años, aún las veo llegar todos los domingos a la iglesia. 


Cuando me convertí en maestra entendí el valor de esta palabra: inversión. Esta palabra se podría definir como: dedicación de energías o trabajo a algo, esperando resultados positivos. Esto es justamente lo que debes hacer si quieres ser una gran maestra y si esperas influir positivamente en las vidas de esos pequeños. Invierte tu tiempo estudiando, preparándote, creando cosas para tus niños, etc. Invierte tu corazón interesándote genuinamente por esos pequeños, conociéndolos, recordando las historias que te cuentan, guardando los regalos que te hacen, etc. Invierte tus recursos también. Conozco a una maestra joven que aún no tiene un trabajo estable, pero si miras a sus niños, todos los domingos salen de su clase con un dulce o un regalo. Ella se las arregla para conseguirles algo. En conclusión, para ser una buena maestra debes invertir tu vida.


Mateo 19:27-29

“Entonces Respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?

Y Jesús les dijo: De cierto o digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”


Encuentra la forma de aplicar estos consejos en tu servicio. Recuerda que este ministerio es algo maravilloso y de gran bendición. Mi deseo es que sigas creciendo para ejercerlo con lo mejor que tienes. 

(Gálatas 6:9)



Atte,

Jenny


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